Hoy traigo la reseña de un libro que gané en uno de los sorteos de Huella Cultural Salva durante una fantástica entrevista en directo a la autora en Facebook.
Ésta es la historia de tres jóvenes recién graduadas en la universidad. Sally, atrevida y aventurera, involucra a sus amigas en una atractiva propuesta laboral de una agencia de publicidad: un inolvidable viaje de siete semanas por siete países de Europa en un descapotable rosa, a lo que se sumarán siete retos por superar. Kylie descubrirá a lo largo de las páginas si el futuro que su familia se ha encargado de asegurarle, tanto en lo laboral como en lo amoroso, es realmente lo que quiere. Addy, por su parte, aprenderá que debe dejar de esconderse y refugiarse en el trabajo para no afrontar sus miedos e inseguridades y comenzará a vivir intensamente.
Nos encontramos ante una lectura correcta, fácil, ágil y amena que además se puede utilizar para viajar sin movernos de casa e incluso como guía turística. El mayor punto a favor es que las personalidades de las tres protagonistas se manifiestan en el libro muy bien construidas y diferenciadas, al igual que su evolución. Sin embargo, creo que se podrían haber desarrollado más los personajes secundarios y, en lo referente a los chicos, en mi opinión, la autora no llega a reflejar muy bien la mente masculina.
Los temas predominantes son la amistad y el turismo, pero también el amor. En este aspecto, Beatriz nos presenta tres mujeres jóvenes, guapas, independientes, muy capaces y empoderadas. Así, especialmente en el caso de Kylie, la lectora quizá se queda con las ganas de un plot twist con carácter diferencial al final (sin ánimo de hacer spoiler) pero, mirado desde otra perspectiva, ésta puede ser precisamente la moraleja de la historia: solo cuando te pones como prioridad y sanas tus heridas es cuando aparece esa persona.
En definitiva, se trata de un libro muy recomendable con el que disfrutar del placer de la lectura aunque a veces nuestro ritmo de vida vaya demasiado rápido. Eso sí, cuidado, porque tiene un efecto secundario muy importante: ¡las ganas de viajar!
Marta Marín

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